Desgracias/Catástrofes

La vieja presa de Lasterroa ha sobrevivido a pesar de las continuas riadas. No así el molino.

En esta página iremos comentando toda una serie de acontecimientos que generaron desgracias  a nuestros antepasados. Los vamos a clasificar en tres grupos: Catástrofes naturales, Delincuencia y Guerra.

I. Catástrofes naturales

Aquellas sociedades rurales de economía predominantemente agrícola estaban sometidas a avatares climatológicos impredecibles.

Riadas.

Las referencias a las inundaciones y sus perjuicios, sobre todo destrozos del puente y de la presa molinar son muy frecuentes.

En 1635, tras las riadas del invierno se dañaron seriamente tres estribos del puente de Asiain. Fue presupuestada la obra por los maestros canteros Miguel Azcarate y Joanes Yturgaiz.

En septiembre de 1650 el puente de Izkue fue reconocido por orden del patrimonial. Se encargó de ello el maestro cantero Pedro Camio, vecino de Arazuri, apreciando varios agujeros en el penúltimo pilar que está a la parte de Pamplona, que ponían al puente en peligro de derrumbe. La obra había finalizado para junio del año siguiente.

En 1721 hubo que reconocer los daños en el puente de Artazkoz, pero no por la riada sino porque varias personas habían ido quitando piedras del antepecho. El cantero de Astrain Andres Altuna hizo las reparaciones correspondientes por encargo de los regidores.

En 1786 el concejo reunido en batzarre, siendo regidores Juan Miguel Ereverria y Juan Martin Janariz, propuso roturar una pieza de 100 robadas en el monte, junto a la muga de Sarbil, para pagar los gastos de construcción de un paredón en el puente por seguridad para defenderse de las crecidas. La pieza sería explotada por los vecinos y habitantes del pueblo.

Unos años más tarde, 1790, la situación había empeorado como consecuencia de las grandes inundaciones de primavera. Había que arreglar el destrozado puente y el paredón, a lo que se sumaba la necesidad de hacerse con una borda concejil. Por todo ello, los vecinos, incluidos los foranos, fueron convocados por los regidores Juan Joseph Lezeta y Juan Miguel Ollacarizqueta para retomar el viejo, y fallido, proyecto, de roturar y explotar las 100 robadas de monte antes mencionadas. El presupuesto de las obras ascendía a 7.960 reales, cantidad que se consiguió rebajar gracias al trabajo de 13 vecinos. A pesar de estas medidas, tuvieron que tomar un censo de 200 ducados.

Tres años más tarde se repitió la situación. Reunidos los vecinos en batzarre en San Salbador dicen que el puente está mal por las continuas crecidas por lo que hay que hacer un machón. Todos los años tienes que emplear varios días de auzolan”. Así que nueva propuesta. Ahora deciden roturar otra pieza en Oianbidea de 40 robadas y darla en arriendo o explotarla los vecinos, para lo que piden permiso al regente.

Este arreglo del puente se eternizó. En 1802, después de 12 años, no había concluido, por lo que los vecinos acordaron, de nuevo, roturar las piezas del monte, además de pedir un censo de 200 ducados, a cuya conclusión deberían tomar otro de 196 ducados. Se reunieron 13 vecinos, siendo regidores Miguel Francisco Urtasun y Thomas Armendariz. Un maestro de obras volvió a reconocer el puente y paredón que había que construir.

En 1831 hubo un conflicto entre Artazkoz, Izu y Asiain a cuenta de la cal que estos últimos necesitaban para reparar su puente destruido por una riada. Para ello necesitaban la leña y la calera del facero de Bitartekoa que compartían los dos primeros pueblos. Artazkoz no estaba de acuerdo e impidió a los de Asiain hacer leña, alegando que producían un grave perjuicio en el monte.

En 1864 eran los de Izkue lo que tenían el puente inutilizado, teniendo que dar un gran rodeo para in a trabajar al otro lado del río, por lo que decidieron arreglarlo. Encargaron hacer dos ojos de madera a Miguel Zubeldia (Ibero) y Luis Azpiroz (Asiain). Ante la falta de dinero, la obra se pagaría con una nueva contribución al ganado durante unos 10 años.

Si los daños en el puente fueron importantes, todavía debieron ser mayores los de la presa de Lasterroa, propiedad del palacio. En el archivo histórico hay docenas de documentos que recogen estos destrozos y los arreglos correspondientes. No debemos olvidar el papel crucial que jugaban los molinos en la economía de estos pueblos.

En 1569, cuando se casó la heredera del palacio, Ana Arbizu Gorraiz, hija de Frances y Cathalina, con Fermín Elso, en los contratos matrimoniales sus padres recordaban las inversiones que habían tenido en los últimos años. Entre estas destacaba lo gastado en reedificar el molino y en rehacer la presa destruida en una riada.

En 1591 el asunto del pleito era una obra en la presa de Lasterroa cuyo pago reclamaba Martin Elosegui, maestro cantero de Arkarate. Fermín alegó que Elosegui no había hecho a tiempo la obra con los perjuicios consiguientes, pero fue condenado al pago.

En 1617 Joanes Inza y Martín Arteta, maestros de adrillar, firmaron un contrato con el palaciano Jeronimo Elso para arreglar la presa que había sido destruida. Debió ser un destrozo considerable, pues Jerónimo declaraba que la reparación podría suponer más de 600 ducados y si no se arregla en agosto, en invierno el río acabará por arrastrar toda la presa, lo que supondria hacerla de nuevo con un gasto de más de 4.000 ducados”. Se vio obligado a pedir un censo para hacer frente a las reparaciones.

En enero de 1646 otra riada volvía a dejar muy tocada la presa y el molino, para cuya reparación Jerónimo recibió un préstamo de su pariente Lorenzo Aldasoro, vecino de Burguete. De nuevo en 1673, Carlos, hijo de Jerónimo, tuvo que enfrentarse a la destrucción de la presa como consecuencia de la riada. Como las desgracias no venían solas, ese mismo año se le incendió el palacio de Zaldaiz.

En 1679 finalizó un proceso muy interesante, puesto que aporta datos de la situación familiar y económica en aquellos años. Carlos Elso, ante los graves daños que la reciente riada había producido en el molino de Lasterroa, quería pedir permiso al Consejo para que le liberaran un censo con el que pagar las obras de reconstrucción, cuyo presupuesto ascendía a 4.300 reales.

En 1699 el dueño era Carlos Belazquez de Medrano, yerno de Carlos Elso y la riada había destrozado la presa paralizando el molino. Quería reedificarla en verano que es el mas acomodado por las agoas bajas, pero no tenía bienes libres, por lo que tenía que pedir permiso para disponer de los bienes depositados en el Depósito General. Los maestros canteros Miguel Arteta y Pedro Arriaran hicieron el proyecto y presupuesto de la obra:

“Dezimos  nosotros Miguel de Arteta maestro de molinos y Pedro de Arriaran maestro cantero que emos visto y reconocido y tanteado los reparos precissos y necesarios y portillo que a abierto la gua de la pressa del molino farinero que llaman de Lasterroa cuyo es del señor Don Carlos Belazquez de Medrano y son de la forma siguiente: Primeramente nezessita en la esquina donde nace la pressa azia el soto tres maderas de a dos juntas en los alto de la pressa que llaman el cordon que tengan de largo a veinte y dos pies y de recio un pie en cuadro con sus estacas de dos pies y medio a dos pies y medio; Item el dicho paraje sesenta tablas de un pie de ancho….; Item, el portillo que a llevado necesita en la zapata de abajo coatro maderas de a dos juntas, y cada una llevauna barra de yerro…”.

Se hicieron las reparaciones ese mismo año y en diciembre, los mencionados maestros, declaraban y certificaban el coste final de las mismas que ascendía a 7.413 reales. Belazquez tuvo que pedir permiso para disponer de 450 ducados, lo que se le concedió a condición que reintegrase dicha cantidad al mayorazgo en 12 años.

En 1819 otra riada obligaba a Belazquez de Medrano a tener que reparar la presa, obra que realizó el maestro carpintero Luis Elcarte por 60 pesos fuertes.

Seguramente, la riada del invierno de 1831 fue terrible, a tenor del listado de reparaciones que presentaron los maestros carpinteros Javier Ochandorena (Lezaun) y Miguel Joaquin Echeverria (Etxauri):

“Se ha de hacer de nueva planta en 170 pies de largo y la anchura anterior, comenzando desde el mismo molino hasta dar con la que ha quedado existente cosiéndola con esa con la necesaria seguridad. Que la dicha tirada ha de llevar 3 ordenes de pies, introduciendo cada pie en dos pies de profundidad en la tufa. Debe llevar el grueso de un lado 12 onzas y del otro 11 y deben fijarse en la distancia de 6 a 6 pies en toda la tirada que vendrán a colocarse 126 pies. Que a dichos pies  de la parte de abajo se les ha de poner 2 zapatas una sobre otra y puesta la 1ª zapata se armaría una tijera bien empalmada y cosida en los dichos 3 pies y hecha esta diligencia se coserá la 2ª zapata a dichos pies llevando dichas zapatas y tijeras el grueso de 10 pulgadas.

El frontis de la presa ha de tener 3 ordenes de madera a todo lo largo y la zapata y travesaño de medio ha de ser de 9 onzas a un lado y otro de haya por tener q estas bajo el agua. El tercer orden en el cabezal debe ser de roble del mismo grosor de  se les ha de poner 2 zapatas una sobre otra y puesta la 1ª zapata se armaría una tijera bien empalmada y cosida en los dichos 3 pies y hecha esta diligencia se coserá la 2ª zapata a dichos pies llevando dichas zapatas y tijeras el grueso de 10 pulgadas. En cuadro empalmando con los pies unos y otros que es el cordon de encima corriendo con  panadizos  para rematarlos a dichos pies. En los referidos 3 ordenes se ha de colocar el tablazon en dichos 170 pies con grosor de 2 pulgadas y juntados a doble punta con la entra de media pulgada. Para colocar los tablones ha de sacarse una mortera  de 4 onzas de profundidad. El dicho tablazon  en un pie de distancia en el cordon de arriba ha de asegurarse con 2 clavos y abajo con 1. La zapata de la presa se ha de fijar a 18 pies de distancia del molino con la anchura que antes tenía aforrada por abajo y los costados con su clavazon. Desde la paradera hasta la obra vieja ha de llevar 18 pies ancho y desde el molino a la obra vieja ha de ponerse 1 angulo en medio de 18 pies para arriba. Que todo el frente de arriba ha de llevar un rampiado de arcilla como de una vara de alto y cascajo encima. Que todo el vacio de los encajonados de la presa se llenara de cascajo y piedra sin mezcla de hierro hasta el encadrado de las maderas y tijeras y las maderas que llevan estas han de cubrirse con encachado con empalme. Y el encachado ha de tener al par? de los maderos 2 pies de entra y en lo demas 1,5 pies. Que la parte que mira hacia Asiain también esta arruinada y habra que reparar 128 pies por su frontis con travesaños y estacas y el tablazon por 1 orden. Otra porcion de 15 pies se entablará y encachara en los parajes que se necesite. Dichas obras costaran 19.340 reales fuertes”.

Este elevado gastó provocó un duro enfrentamiento dentro de la familia Belazquez de Medrano, cuyo jefe era en aquel momento Manuel, pero su hermana y heredera Liboria se negaba a darle permiso para pedir el censo e hipotecar los bienes del mayorazgo de los Arbizu con el que poder arreglar la presa. Finalmente, Liboria dio su placet.

Enfermedades.

Hay referencias, tanto a enfermedades de las personas como de los animales, si bien predominan estas últimas. La gente, en general, mantenía sus achaques en su esfera privada, mencionándolas muy pocas veces en los protocolos notariales y en los procesos. Alguna referencia es posible encontrar en los registros parroquiales de las defunciones.

En 1638 se menciona la enfermedad de perlesía de María Arteta, en un pleito en el que unos familiares se pelean por la validez del último testamento de esta señora. Había quedado muda y postrada en cama con medio cuerpo paralizado, aunque entiende y comunica por señas. Los que pedían la incapacidad para testar y modificar el anterior testamento alegaban que María llevaba años con la enfermedad y solo decía "vay Jesus" a todo lo que se le preguntaba.

La misma enfermedad de perlesía padeció el anciano abad del pueblo D. Garcia de Erize en 1691, razón por la que comenzaron las maniobras entre dos curas del pueblo, D. Joseph Ziriza y D. Pablo Perez de Artazcoz, que optaban a ocupar la ya cercana vacante. Al año siguiente moriría Erize, sucediéndole provisionalmente D. Joseph Ziriza.

Tampoco era rara la enfermedad conocida como de tabardillos, versión antigua de la epidemia de tifus. En 1694 algunas localidades de Navarra debieron padecer esa terrible enfermedad bacteriana.

La ceguera aparece citada en varios documentos. El caso más interesante es el del testamento de  Francisco Bentura Oreyen, dueño de Antokirena, en el que declaraba que desheredaba a su primogénito “Carlos Martín Joseph de diez y nueve años ya que es ciego de viruelas, razón por la que el heredero debería hacerse cargo de su hermanastro. Como se puede ver en la historia de esta familia, Carlos Martín Joseph fue el que heredó finalmente la casa, a pesar de lo dispuesto en el testamento de su padre.

El siglo XIX fue pródigo en epidemias de cólera, con varias oleadas que asolaron nuestros pueblos, siendo la más terrible la de 1855 que azotó a toda Navarra, produciendo una enorme mortandad. No conocemos las defunciones exactas de Artazkoz, pero si las de Izkue, donde ese año perecieron 18 personas, cifra enorme si comparamos con la media de  defunciones anuales de dicho siglo que no llegaba a 4 y con una población total de 170 almas.

En cuanto al ganado, en 1596 debió de haber un brote de viruela y otras enfermedades en el ganado del pueblo por lo que los vecinos de Izu les prohibieron que pastasen en la facería común de Bitartekoa.

 En 1605 encontramos un pleito en una venta de borros por estar estos infectados de la enfermedad que llamaban “del papo”, enfermedad que era producida por haber comido berros contaminados con el parasito Fasciola hepática, que también suele afectar a las personas.

Como se comenta en el apartado de sanidad, en 1650 los vecinos, junto con los de Izkue, decidieron contratar un saludador ante el peligro de la vida de las personas y animales por una rara enfermedad que afectaba al ganado.

Importante debió ser en 1671 una enfermedad conocida como de Carraça, muy contagiosa, según los vecinos de Artazkoz e Izu. De manera que prohibían a los ganaderos de los lugares vecinos, Asiain, Eguillor, Beasoain  y Azanza, entrar con el ganado en sus términos, advirtiendo que se pondrían señales y se notificaría a todos los ganaderos. Esta enfermedad debía referirse a alguna de las trasmitidas por las garrapatas (garraças en castellano antiguo y gallego). Unos años más tarde, 1706, Miguel Elizondo se quejaba de que su ganado había estado pastando en los motes de Izu, ya que era forano del lugar, habiendo contraído la enfermedad de carraza.

En 1747se notificaba que había habido ganado enfermo de viruelas en Sarbil. Los pastores que habían estado en la sierra se vieron obligados a hacer una declaración jurada sobre el ganado que ya estaba libre de la enfermedad.

En 1774, en un proceso sobre carneamientos de ovejas de Izkue que habían entrado en los montes del pueblo, declaraba un testigo que algunas habían muerto de mal de bazo.

Sobre accidentes, el caso más destacado lo hemos encontrado en 1805, cuando Francisco Echagua apareció ahogado en el pozo del palacio. Según los testigos, fue un suicidio de este vecino de 60 años, de quien se decía que padecía debilidad de cabeza. Habitaba el palacio de casero Xavier Donazar con su familia. Intervino el cirujano de Asiain José Ramón Mendia. Interesante descripción de la ropa: chupa negra, calzon de estameña.

Precisamente, un hermano del palaciano, Serafín Belazquez de Medrano había muerto también ahogado en 1791 con 17 años en Puente la Reina, lugar habitual de residencia de la familia desde hacía varias generaciones. Finalmente, reseñar que en el verano de 1904 pereció ahogado, cuando se bañaba, Victor Lima Larreta.

II. Delincuencia

Podríamos diferenciar entre delitos contra los comunales y contra lo privativo o personal. En el apartado de delitos sobre el comunal, seguramente, los más frecuentes eran los que derivaban en el carneamientos del ganado, cuando algún vecino se saltaba los permisos y vedas llevando su ganado a pastar, con el consiguiente decomiso de reses por parte de los guardas o costieros. Una práctica habitual era pegarse un banquete con alguna de las reses capturadas. En la misma línea, eran habituales también las denuncias por hacer leña de manera ilegal. Muchos de estos encontronazos terminaban en la Corte Mayor, demandando, unos el castigo y otros el sacapeño o devolución de lo aprendido.

Estas faltas solían estar reguladas por los cotos y paramentos locales. En el apartado que trata de este tema y en el de los comunales hay más información al respecto.

Sarbil fue durante bastante tiempo un lugar de conflicto para los vecinos del pueblo, que no renunciaban a sus derechos a gozar de dicho monte real. Así e 1536, los de Artazkoz llevaban a juicio a los pueblos congozantes de la sierra por haberles hecho prendamiento de su ganado, exigiendo su devolución en base a que habían arrendado dichas hierbas. Los otros concejos negaban el derecho de Artazkoz ante el patrimonial real y advertían del gran daño derivado de las 540 cabezas que los del pueblo querían llevar a Sarbil.

En 1614 Joanes Muruzabal y Carlos Goñi prendieron 16 cabezas de ganado de los de Asiain en Bitartekoa, monte sobre el que los de este pueblo decían tener derecho, ya que para ellos todo el monte de Izu era también su facería. Los de Artazkoz negaban este derecho, alegando que la facería de Asiain era solo Izueta, alejada de Bitartekoa.

En 1755 los vecinos llegaron a un acuerdo con los de Izkue sobre las condiciones en que habría que guardar ambos términos en el futuro y sobre cómo hacer los prendamientos, carneamientos y calunias (castigos) Este convenio venía motivado por los grandes perjuicios ocasionados en las hierbas boyerales.

En 1782 el pueblo denunciaba a los de Izu por haber carneado una res del rebaño de Escolar en Bitarkekoa, siendo este término facero y, además, Escolar forano de Izu. Los guardas degollaron el guon o carnero de cencerro decomisado, llegando su osadía a haber muerto dicha res aprovechándose todo el pueblo. Los de Izu se defendían aduciendo que Escolar no había pagado los tres quartales de cebada de renta por pastar en dicho término. En la discusión afloran términos de ganadería que ya ha desaparecido: Escolar afirmaba que el carnero era guon o de cencerro o manero. Pero los de Izu le rebatían diciendo que para ello ha de pesar más de lo que pesó, 9,5 libras, y no tenía señales de manero, que para usar de manero ha de tener carnicería de res pública y se le ponen al manero siete marcas o más y el prendado solo tenía una. Además, el pastor no les dijo que era manero y otros también llevaban cencerro.

Los conflictos por hacer leña en el monte se repetían con frecuencia. En 1520 hubo pleito entre el pueblo y Etxauri a cuenta Sarbil. En el proceso salieron a colación diferentes enfrentamientos por el aprovechamiento de la leña, que los vecinos del pueblo habían hecho hacia 1550 en Larrañekoa para  explotar una un horno de cal, lo que generó un conflicto con el palaciano de Asiain. Esta disputa por los derechos de Larrañekoa duró décadas, hasta que el monte pasó a ser comunal del pueblo.

En 1781 el enfrentamiento fue por la leña de Bitartekoa entre los dos pueblos de la facería, uno más de la eterna disputa por este término. Al vecino Juachin Mendioroz los de Izu le habían prendido una caballería como castigo por estar haciendo leña en Bitartekoa y le querían imponer una multa de dos pesos. Los demás vecinos salieron en su defensa alegando que tenían los mismos derechos que los de Izu al goce del facero y pidiendo a la Corte Mayor despachar sacapeño de prendas vivas. Decía el procurador de los de Izu,”que el termino contencioso llamado Vitartecoa es propio y privativo del lugar mi parte y como dueño de el nombra guardas para su custodia y lo goza con entera libertad aprovechando sus yerbas y aguas y de todas las demás utilidades (…) los de Artazcoz por una costumbre antigua se hallan en la posesión de aprovechar con sus ganados mayores y menores las yerbas y aguas de aquel, sin aberse extendido a mas, ni otra cosa y esto bajo la condición de pagar anualmente cada vecino a los guardas tres quartales de cebada colmos, pero jamas hantenido la facultad que suponen de cortar leña en el dicho termino”.

Unos años más tarde, 1784, era el pueblo quien demandaba al forano Nicolás Perez de Obanos, vecino de Ibero y dueño de Rodrigorena, por haber ido su hijo con dos caballerías al monte de Artazkoz a hacer leña. Al verle, los vecinos aprendieron las caballerías mientras no pagase la multa. Perez de Obanos exigía sacapeño de prendas vivas en base a su derecho como forano, derecho rechazado por los vecinos residentes. El de Ibero, en su alegato, recordaba que era forano desde hacía 14 años y que había cumplido todos los requisitos que exigía el derecho de vecindad. También recordaba que él, a diferencia de otros foranos, residía en un pueblo sin monte.

En el apartado de delitos contra las personas y propiedades, hay algunos casos de agresiones físicas, como el juzgado en 1544 cuando Miguel Artazcoz, vecino del pueblo, e hijo del abad D. Martín Artazcoz, fue acusado por D. Carlos Echauri, presbítero de Etxauri, de amenazas y agresiones. El fondo de la cuestión era la herencia de los bienes del difunto abad, quien había nombrado heredero universal a Echauri, desheredando a su hijo. Según los testigos, éste enfurecido había insultado en repetidas ocasiones a D. Carlos, llegando a amenazarle de muerte con su espada, reclamándole bienes de su padre. La Corte y Consejo condenaron a Miguel a seis meses de destierro. Miguel reconocía el nombramiento de D. Carlos, pero sostenía que había un acuerdo sobre los bienes y que el amenazado había sido él:

Como procurador de Miguel de Artazcoz acusado en la causa sobre ciertas palabras que dizen que ha dicho el acusado contra D. Carlos de Echauri, entiende probar los artículos siguientes: primeramente, entiende que el bachiller don Martin padre del acusado  hizo testamento y nombro por heredero a don Carlos de Echauri y expresa convenio que hubo entre el dicho don Carlos y el dicho don Martin que después de los días de don Martin hubiese de restituir y dar al dicho acusado la dicha hazienda; Item, que estando el acusado en casa de Juan Perez de Artazcoz vino don Carlos con espada y otras armas a la puerta de dicha casa y dijo donde estaba el acusado que juraba a dios lo había de matar; ítem, que la dicha noche don Carlos llevaba consigo tres compañeros, el uno con ballesta armado y otro con una lanza; Item, que después de la muerte de don Martin hecho de la casa de su padre al dicho acusado y no le dejo entrar dentro de la dicha casa.

Un tema de fricción entre los vecinos era el de las sepulturas y el lugar que ocupaba la familia en la iglesia. Ya en 1567 hay un pleito entre los dueños de Escolano y los de Zirizarena por la sepultura y asiento. María Artazcoz viuda de Martin Escolano, recientemente fallecido, denunciaba a Maria Urdin (Zirizarena) por haber quitado la cera encendida de la sepultura de su difunto marido y haberla arrojado por la iglesia, momento en el que llegó el yerno de Urdin y empujó a Maria Artazcoz, de 80 años según testigos, y a su nuera tirándolas al suelo. Como era en plena misa del domingo, el cura no se quedó atrás, cogió el palo de la cruz arremetiendo contra Uztarroz y su suegra, expulsándolos de la iglesia. En el proceso desfiló casi todo el pueblo como testigo, más alguno de fuera, como los canteros que en ese momento estaban levantando la torre de la iglesia. Algunos testigos recordaban una costumbre ya perdida: tras la muerte, en el asiento que estaba sobre la sepultura podía sentarse durante un tiempo la familia del difunto. El problema era que no se ponían de acuerdo sobre el tiempo que duraba este derecho: para unos era un año, para otros 9 días.

La propiedad de los campos era otra fuente de conflictos que podía llevar a palabras mayores. Esto es lo que sucedió en 1566 entre la familia Escolano y el palaciano Frances Arbizu, a cuenta de un lieco que se lo disputaban desde hacía 15 años. Un día de noviembre de ese año, estando labrando el lieco dos hijos de Joanes Escolano, Johanes y Martin, se presentó Frances con tres criados armados y se entabló una disputa en la que resultó gravemente herido Joanes, al ser atravesada su garganta por una lanzada, tras lo cual lo dejaron por muerto. El incidente ocurrió el lunes (según el calendario juliano, viernes según el calendario actual) 18 de noviembre del año citado. Frances Arbizu y uno de los criados fueron apresados. Intervinieron dos cirujanos, Miguel Ibero vecino de Etxauri y otro, quienes consiguieron curar a Joanes, tras varios meses de convalecencia. Condenaron en primera instancia a Arbizu a 80 libras, rebajadas más tarde a 40, mientras su criado Pero Frances era condenado a 50 ducados y dos años de destierro. Posteriormente, en octubre de 1567, dos cirujanos de Iruña testificaron a favor de Joanes padre, declarando que en la cura del hijo herido se habían gastado 2 reales cada día de convalecencia.

Otras veces eran pendencias personales difíciles de clasificar. Como la ocurrida en 1569 entre los citados hermanos Escolano y sus vecinos Martin y Nicolas Remon de Artazcoz (casa Remonena). Estos acusaban a los Escolano de haber atacado a Nicolás con intención de matarle, cuando se dirigía a Izu. Los atacantes le salieron al camino armados con arcabuz, espada y ballesta, salvándose por la presencia de algunos vecinos. Como era de esperar, en estos casos se entremezclan rencillas familiares (pleito en la iglesia de la madre de los Escolano, Isabel Recain, con la mujer de Martín Remon), con los efectos del vino de una juerga que celebraban los Escolano acompañados de un tamboril.

En la misma línea habría que situar una agresión de 1588 entre Joanes Diez de Artazcoz y la familia Satrustegui. Era marzo y el día de la virgen se hacían hogueras, por lo que los hijos de Joanes entraron por leña a una huerta de Satrustegui. Este intervino y se armó la bronca. Satrustegui acusaba a Joanes de haberle agredido con un alfanje para matarlo, lo que Joanes no solo negaba sino que le daba la vuelta diciendo que fue Strustegui quien le atacó con una daga para matarle. La Corte condenó a Satrustegui.

Ciertas celebraciones de la juventud también desembocaban en peleas. Así ocurrió en 1668, cuando un grupo de mozos, con ocasión del casamiento de una moza con un viudo, hizo una cencerrada, como era costumbre en aquellos tiempos. Se debieron cantar unos versos o coplas consideradas ofensivas por alguno de los participantes y se armó la gresca. Como consecuencia, Leonardo Eleta resultó herido gravemente y varios jóvenes fueron llevados a las cárceles reales de Iruña. Intervino el cirujano Juan Perez de Artazcoz, natural de casa Loperena, que consiguió salvar al herido. La Corte condenó a los agresores a cada 20 libras. Las declaraciones de unos y otros eran contradictorias:

Por la confesión de Miguel de Larumbe consta que por ocasión de haberse ofrecido casamiento de una moza de dicho lugar con un viudo acordaron de hacer una cencerrada como se acostumbra por los mozos del lugar y que por ocupaciones que tubo no pudo acompañarlos y que por esta causa le habían sacado unos versos o coplas que decían que quería mas a su lado un pellejo de vino que una moza por las cuales se dio por ofendido. (,,,)  Que el domingo ultimo pasado catorce del presente mes de febrero a que serian las diez horas de la noche andando por las calles haciendo su música los emprendieron dos hombres puestos los capellos de capusay y aunque algunos dicen que habia quatro no se an conocido sino los dichos Miguel de Larumbe y Leonardo de Eleta los cuales les empezaron a pegar de palos con los que ellos trayan y que con los primeros golpes derribaron a los dichos Miguel de Guernica, Jeronimo de Zubieta…

Luego estaban las trifulcas derivadas del juego, como la ocurrida en 1770 cuando el dueño de Aizkorberena, Juan Antonio Vidaurreta, fue víctima de una agresión en Ororbia el domingo 28 de octubre de 1770 de la que resultó herido. Según los regidores de Ororbia, ese día, hacia las 7.30 de la tarde, Juan Antonio volvía de la capital y cuando se encontraba pasada la plaza y cerca de la huerta de Juan Martin Artieda, le salieron al encuentro y le golpearon perdiendo el conocimiento. Según el herido, al haber perdido el conocimiento y por estar algo bebido no reconoció a los agresores. Gracias a unas vecinas, pudo ser auxiliado y curado por el cirujano, sin que las heridas requirieran mayor cuidado, marchándose a casa al día siguiente. Juan Antonio declaraba en el juicio que el domingo anterior, 21, habían ido a jugar a Artazkoz varios vecinos de Ororbia, entre ellos el pastor de Ramón Senar de Mendigaña, natural de Puente, con quien tuvo sus más y sus menos por asuntos del juego. Añadió, que le constaba que el dicho pastor estaba en Ororbia la  noche de los hechos. Desconocemos la sentencia.

A veces era simples discusiones, como al parecer ocurrió en 1786 cuando fue herida Jabiera Senosiain, por lo que los regidores llevaron a cabo la correspondiente búsqueda de los responsables. Jabiera, de 19 años, había ido a sarmentar a casa Carlicos y cuando se dirigía a la viña tuvo una fuerte discusión con Juan Martín Echauri (de la familia Arteta, caseros de palacio), resultando herida por los golpes propinados pos este. Los regidores fueron a detener a Echauri, pero había huido. Intervinieron dos cirujanos, Juachin y Joseph Ramon Martinez y declararon varios testigos. La cosa no debió pasar a mayores, siendo apercibido Juan Martín.

Al vino, y a rivalidades entre pueblos, habría que atribuir la causa de una agresión ocurrida en Izkue en 1831 de la que fue víctima Martin Goñi, habitante de Artazkoz. Era un domingo, ya de noche, y Goñi debía ir de vuelta al pueblo, cuando se cruzó con varios jóvenes que cantaban en la plaza a quienes reprendió. La reacción de los jóvenes fue darle una paliza que terminó con el bueno de Martin herido, requiriendo la intervención del cirujano. La Corte castigó a los agresores con pena de medio homicidio y 80 libras a cada uno. Además, fueron castigados los regidores por no dar parte del suceso.

Como cosa curiosa relacionada con los enfrentamientos y agresiones están los llamados autos de amistad y perdón que se escrituraban ante notario. Se trataba de poner fin a rencillas entre vecinos enfrentados, e incluso se llegaba al perdón de homicidios por parte de los familiares de la víctima. Tenemos el caso de 1704 en el que dos pastores de Artazkoz e Izu, Joachin Veramendi y Martin Osinaga, se habían zurrado terminando herido el primero, por lo que tuvo de estar en cama un tiempo con gastos de botica y cirujano a quien había que pagarle las sangrías y otras asistencias. Todo terminó felizmente con un auto de amistad y perdón.

Un delito que aparece en varios pleitos es el estupro o delito sexual, generalmente contra las mujeres. Este delito era juzgado en los tribunales reales (Corte y Consejo) y en los eclesiásticos dentro del apartado "Causa Matrimonial". Aunque de este último hay varias referencias de la cendea y una del pueblo (Lope Irisarri, Karlosena),  aquí citaremos casos del ámbito judicial civil.

En la temprana fecha de 1543 aparece una denuncia por estupro de Maria Martin Eguillor contra Nicolau Artazcoz. Estos jóvenes trabajaban en la casa que tenía en el pueblo el maese Charles Artazcoz, un cirujano que ejercía en la capital. Declaraba Maria Martinque Nicolau le requirio de amores y con promesas de matrimonio el pasado julio le desfloró. Que la dote de sus parientes puede llegar a 300 florines. No hemos encontrado la sentencia.

En 1582 Joanes Diez de Artazcoz, natural de casa Juandiezena, estando en Pamplona fue denunciado por Leonor Zabalza, tejedora viuda residente en la ciudad, de ser engañada por el defendiente y tenido con él copula carnal de la cual resulto embarazada y dio a luz un niño que murio a los 9 meses de edad. Declaraba que había perdido su trabajo y Joanes le había quitado el hijo. A pesar de todo, Joanes fue absuelto.

Los pleitos más interesantes los protagonizó el palaciano Fermin Elso. Fueron varios y su seguimiento nos permite observar las diferentes varas de medir de la (in)justicia de la época. Hay un proceso de gran interés finalizado en 1576. Fermín Elso, casado con Ana Arbizu, heredera del palacio, fue acusado por Lope Perez de Artazcoz, Loperena, de estupro a su hija María Perez de Artazcoz, prima de Ana. No debió ser un acontecimiento muy agradable, a tenor de la sentencia que condenó a Fermín porque «estando casado con Ana Arbizu privó de la flor a María Pérez de Artazcoz».  En relación con este asunto, aparece un Sancho de Elso Artazcoz, hijo de Fermín y Mari Pérez de Artazcoz, bautizado en San Lorenzo de Pamplona el 22 de julio de 1576.  No sería el único hijo extramatrimonial del Fermín.

En 1596 fue, de nuevo, denunciado por el mismo delito por Brianda Olza, criada del palacio, a donde había ido a trabajar hacia 1585. Tras quedarse viudo Fermín, debió iniciar una relación con Brianda con la que tuvo tres hijos: una niña que nació en Urroz de Donamaria hacia 1587, siendo bautizada por el abad de Elso; otra que nació en una casa anexa a la basílica de Legarda (hoy Legarra) de Lizasoain, siendo bautizada en la Santísima Trinidad de Arre hacia 1588; un último niño en Pamplona, que fue bautizado en San Llorente (San Lorenzo). Solo sobrevivió una de las niñas que pasó a vivir al molino de Lastarroa de su padre, pero desconocemos qué fue de su vida. Brianda le acusaba de no haber cumplido su promesa de matrimonio y de haberse casado, en segundas nupcias, con la palaciana de Zaldaiz. En el juicio reclamó 1000 ducados a Fermín, quien alegaba que no estaba probada su paternidad, que Brianda era moza pobre y que se había apoderado de muchos bienes suyos. La Corte solo le castigó con 80 ducados.

Unos años más tarde, Fermin se convirtió de acusado en demandante, acusando a Juan Lucas Pasquier, hijo de los señores de Barillas, de estupro a su hija Adriana Elso. Adriana estaba viviendo en Pamplona en casa de su hermana Graciosa, cuando Juan Lucas Pasquier Eguaras debió tener relaciones con ella hacia 1604, según testificó Ana Marcalain, empleada en la casa de Graciosa. Al ser acusado, Juan Lucas huyó, siendo apresado y devuelto a Pamplona en 1606. Naturalmente, éste negó la acusación. Los jueces condenaron en 1608 a Juan Lucas a casarse con Adriana en el plazo de un mes o, en caso contrario, a un destierro de dos años y abono de 2.000 ducados a Adriana, castigo que Fermín consideró demasiado suave por lo que apeló. Juan Lucas pagó los 2.000 ducados y habría salido del reino. Unos años más tarde, se casaría con Melchora Eguaras y sería señor de Barillas. Llama la atención el hecho de que unos años antes el propio Fermín, ante la acusación de estupro en la persona de Brianda Olza, con la que había tenido 3 hijos, saliera casi absuelto, con apenas una pequeña pena de unos pocos ducados a pagar a Brianda. El agravio resulta mucho mayor si se tiene en cuenta que en el caso de Adriana no parece que hubo hijos. Así era la justicia!

Otro juicio finalizado en 1640 tuvo como protagonista a María Huarte, de familia de molineros de Lasterroa, quien acusaba de estupro a Juan Echeberria, escribano de Iruña. Declaraba María que desde 1636 había convivido con Echeberria habiendo nacido un niño en enero de 1638. El escribano negaba la relación mientras presentaba acusaciones contra María: tenia fama de libiana a la que trataban diferentes personas. Fue sentenciado a hacerse cargo de la criatura.

En 1655, Martín Zizur fue acusado de estupro por María Roncal, moza natural de Ibero. Se volvía a repetir en el juicio lo las relaciones con promesa matrimonial incumplida, que habían desembocado en el embarazo de María. Por las declaraciones, se sabe que María estuvo de criada en casa Pascualena de Undiano y Martín entonces también residía en dicho pueblo. Hay expresiones curiosas de algunos declarantes: que Martín entraba en casa de los amos a diferentes tiempos y horas y solia andar a “borroquetes” con la quejante abrazándola y vesandola”. A pesar de que Martín negó toda relación, la Corte le condenó a casarse o, en su defecto, a pagar dote de 100 ducados a María. Parece que eligió la primera opción.

Saltando más de un siglo, encontramos otro caso de estupro en 1801 cuando Josefa Ballariain (casa Balleriain) denunció a Manuel Zuasti, mozo de casa Zuasti de Zabalza, con quien tuvo relaciones en este pueblo en las que procrearon una criatura. Según Josefa Manuel estaba de acuerdo en casarse, pero se opusieron sus padres. Finalmente, este aceptó las dotes que fijara la Corte para mantener a la criatura.

El último juicio por estupro encontrado data de 1827 en el que Francisca Burges, viuda, hermana del vicario de Izkue, denunció a Basilio Fernandez de Barrena (casa del Maestro) acusándole de haberla abandonado tras tener un hijo con él. Declaraba Francisca que fue requerida de amores por Basilio y estaba embarazada. Le reclamaba que contrajera matrimonio o que le resarciera de los daños. Según Francisca, la relación se había producido como consecuencia de haber acudido Basilio a casa de su hermano, el vicario, para recibir clases de gramática, como parte de su preparación para maestro. Interrogado el bueno de Basilio por el abad de Izu, confesó que “había tenido trato con Francisca, pero que no creía que para tanto y que no le dijera nada a su padre porque le echaría de casa. Francisca, para evitar el consiguiente escándalo, se había marchado a Mañeru a finales de enero de 1826, a casa unos conocidos, donde tuvo un niño a primeros de mayo. Ya en el juicio, Basilio negó toda relación, alegando que no iba a casa del vicario desde 1825. No obstante, la Corte le condenó a pagar los daños y dote que acordaran los árbitros.

Sobre robos no hay gran cosa en los archivos. Aparece uno de 1799 cuando robaron ocho cabras por la noche de la borda que tenía Oroquieta en la muga de Izkue. Unos días más tarde, creyeron ver este ganado en Orisoain (Valdorba). Por las declaraciones de los testigos se pudo identificar a “un forastero que apareció en la posada antes de oscurecer sin pelo de varva y color palido y según el traje es de hacia tierra de Ujue”. Otro testigo declaraba haber visto “en la falda del monte dos sujetos uno pequeño y algo grueso y descolorado con una chupa de paño  pardo … calzon pardo, con avarcas puestas... el otro delgado vien dispuesto sin pelo de varva chupa y calzon pardo y de paño de castilla “. Al final detuvieron a Joaquin Sola, natural de Ayesa, a quien condenaron a “cuatro años de servicios en los arsenales”.

Otro robo de 1827 nos recuerda que había una cárcel en el pueblo. Estefanía Zubiria fue acusada de haber hurtado una camisa del tendedero de Ramona Izcue. Fue apresada pasando quince días en la cárcel del pueblo. En otro incidente de 1833 con pelea tabernaria, los detenidos también pasaron a la cárcel del pueblo. Ese mismo año hubo otra pelea en la taberna y el regidor apreso a tres implicados llevándolos a la cárcel y poniéndoles el cepo. No hemos localizado dónde estaba la prisión.

  • Evolución del puente 1930-1982

  • Puente 2000-2018

Tercera guerra carlista. Batalla de Ibero

III. Guerras

Las guerras tenían repercusión en nuestros antepasados de varias formas: mediante las levas (después quintas) que reclutaban a los hombres para el servicio militar; mediante las cargas impositivas especiales y bagajes que solían implantarse para los gastos de la guerra. También tenían que soportar el alojamiento de soldados cuando se producía alguna contienda cercana. Hasta bien entrado el siglo XIX el fuero navarro evitó que se generalizase el alistamiento de los quintos, tal como ya había sido implantado en otros lugares desde el siglo anterior. Finalmente, citaremos algún caso de vecinos del pueblo que se dedicaron a la carrera militar.

En 1634 la monarquía andaba metida en conflictos bélicos con Flandes y Francia, por lo que se hizo una leva en Navarra. Así que el señor de Orkoien, como capitán de la cendea, hizo llamamiento a todos los hombres entre 18 y 60 años elaborando la lista correspondiente de hombres y armas. Figuran 9 pueblos, pero no Artazkoz, aunque algunos de sus vecinos aparecen dentro de la lista de Izkue. En total en la cendea había 107 vecinos, 72 caseros y 77 mozos disponibles.

En 1638 la cendea tuvo que hacer una leva y enviar gente al asedio de Hondarribia en plena de la Guerra franco-española (1635-1659). Unos años más tarde se reunía el gobierno cendeano, con Pedro Ziriza como regidor del pueblo, para hacer una relación de gentes y armas que habían participado en la contienda. Salieron de la cendea más de cien soldados, de los cuales murieron 18 y enfermaron 11. De Artazkoz hubo un muerto. En el documento se dice que “volvieron consigo cincuenta y cinco armas”. Se trata de una cifra de muertes muy elevada, de ser ciertas las que manejan los historiadores para toda Navarra: apenas una centena!

En 1639 hay noticias de la presencia de soldados en Asiain con la obligación de ser alojados en las casas del pueblo. Siempre había algún privilegiado que se escaqueaba de esta obligación, como en el caso del licenciado Azcona, vecino que obtuvo del virrey tal exención. En este mismo pueblo, en 1642 entró el tercio de Pedro Giron arrasando las casas y robando, aparte de los gastos de alojamiento. El gobierno de la Cendea, diputado y regidores, se reunió pasa repartirse los gastos de la tropa: “dicen que en los ultimos años por las  guerras han llegado a la cendea a pie y a caballo. Se han alojado y han tenido muchos gastos. Acuerdan para el futuro que se repartan gastos”. De Artazkoz estaba de representante Pedro Aizcorbe (Aizkorberena).

Los tiempos de guerra eran situaciones excepcionales, incluso para el nombramiento de diputado (alcalde) de la cendea. Esto ocurrió hacia 1682, cuando los de Izkue impugnaron la elección de Antonio Perez de Artazcoz, Loperena, como diputando alegando que se habían saltado la costumbre de los turnos según la cual el cargo debía recaer en alguien del pueblo vecino. Los otros pueblos contestaron que “hay excepción no vale la costumbre en los casos de  guerra u otras situaciones especiales.

La guerra de Sucesión (1701-1715) afectó también a estos pequeños pueblos. Ese año de 1701 la cendea, con Joanes Elizondo como regidor del pueblo, nombraba capitán y oficiales de los soldados de la leva. El cargo de capitán recayó en el vecino de Izu, Felix Senar de Mendigaña. Como es conocido, Navarra optó por el bando Borbón frente a los Austrias (quizás recordando el origen navarro de la dinastía real borbona). En 1706 llegó la orden de reclutamiento del Virrey: tocaban a la cendea 14 soldados que se incorporarían a los tercios para enfrentarse a Aragón (partidario del Austria). El reparto “debe hacerse según el apeo de 1678. Deben vestirlos y dar dinero para mantenerlos tres meses”. También se ordenaba hacer un listado de gente entre 14 y 60 años, así como de las armas de guerra y caza disponibles en cada lugar. Ni que decir tiene, que estos repartos provocaron agravios comparativos entre los pueblos. En cuanto al pueblo, sus regidores Miguel Erize y Martin Larragueta “de orden de la diputación del reino convocan a todos los vecinos y moradores que ay en el dicho lugar para efecto de alistar los hombres que fueren capaces para podertomar las armas en defensa del rey…”. Sigue un interesante listado por cada casa, todo un rolde de la época con 28 hombres en 18 casas.

A raíz de la promulgación del servicio militar obligatorio por Carlos III en 1770 los encontronazos con la Diputación navarra fueron continuos. Se consideraba que Navarra debía estar exenta de dicha obligación, pero, por otra parte el poder central le asignaba su lote de soldados en cada reemplazo. Debió ser una resistencia más aparente que real, puesto que los ayuntamientos obedecían haciendo sus alistamientos. En la cendea disponemos de documentación de, al menos, dos de ellos: 1775 y 1777. En ellos aparecen listas de fuegos (vecinos y moradores), mozos sujetos al sorteo, mozos inútiles, hidalgos exentos, mozos hidalgos exentos y extranjeros. En 1777, en Artazkoz había 15 vecinos, 14 moradores, 4 mozos del sorteo, 10 inútiles, 2 hidalgos, 2 mozos hidalgos y ningún extranjero. En 1777 para esas mismas categorías: 26, 1, 3, 2, 1 y 0.

El final del siglo XVIII estuvo marcado por la guerra de la Convención que comenzó en marzo de 1793, en la que los revolucionarios franceses invadieron Navarra. Debió haber una buena movida con alistamiento de hombres de la cendea que fueron enviados a la frontera de Baztán para detener a los revolucionarios. En abril hubo una reunión urgente del ayuntamiento para abordar el tema. La Diputación había asignado un cupo de 15 soldados, entre los que estaban Martin Josef Elizondo y Josef Joaquin Erize. Se acordó pagarles 1,5, reales/día, paga que se incrementó más tarde y se añadieron dos camisas por cada soldado. En noviembre ya se había elaborado una lista de 225 voluntarios de la cendea, de ellos 24 de Artazkoz. Varios vecinos fueron nombrados oficiales de estos voluntarios, entre ellos Xavier Arze (Loperena) y Joseph Martin Escolar. La verdad es aquello tenía pinta del ejército de Pancho Villa!

Esta guerra exigió a los vecinos, además de personas, bagajes. En concreto a Artazkoz le asignaron tres caballerías que debía llevarlas a Ororbia para pasar a la frontera. El dueño de Loperena, Francisco Arce, se negó aludiendo a su condición de monedero que le eximía de dicha contribución. Los vecinos no aceptaron esta exoneración y le multaron con 14 ducados, castigo que no cumplió por lo que el concejo le tomó una jarra de plata en prenda. Arce llevó el caso a los tribunales.

Pocos años después, en 1795, se retiraron los franceses, cuando ya habían llegado a Oskia con intención de asediar la capital. No duró mucho la tranquilidad, ya que el ejército imperial napoleónico entró en Navarra en 1807, iniciándose poco después la que se conoce como guerra de la Independencia o francesada. El pueblo no se había recuperado de la anterior catástrofe y le caía ahora una mayor, como consecuencia de los suministros exigidos por los ocupantes. En 1809 hay un primer reparto de cargas de los 8.900 reales asignados por el virrey duque de Mahón. Al año siguiente suministros a las tropa. En 1811 la cendea tuvo que aportar 1.500 robos de trigo, correspondiendo 127 al pueblo. Este mismo año, multa a ocho pueblos, Artazkoz entre ellos, por haber dado suministro al batallon de voluntarios de Navarra”. Nueva exigencia a la cendea el mismo año por parte del general Reille, gobernador: 2.768 robos de trigo, 3.036 de cebada. Una comisión, con Xavier Arce como representante, hace el reparto entre los 10 pueblos.

Desde principios de 1809 los gobernadores franceses se preocuparon de hacer censos de los bueyes y caballerías existentes en la cendea con vistas a los servicios de bagajes. En enero se hizo un minucioso registro, pueblo a pueblo, que dio los siguientes resultados: bueyes, 213; caballerías de trabajo, 157; caballerías cerriles, 149. En el caso de este pueblo: bueyes, 25; caballerías de ambos tipos, 14 y 9. Todo esto en 16 vecinos, más el concejo. Al mes siguiente se ordenó hacer un censo de cabezas de familia con vistas a repartir el importe de lo que se iba a pagar por los bagajes: 3 reales por caballería y 10 reales por buey, cada día. Se censaron 371 cabezas de familia, de los cuales 36 de Artazkoz. En julio de ese año, se procedió a clasificar en 4 clases al vecindario de la cendea de cara a establecer proporcionalmente el servicio de bagajes. La primera clase contribuiría en razón de cuatro a uno; la segunda, tres a uno; la tercera, dos a uno; la cuarta la cuota base. Había una quinta clase de exentos en la que entraron los pobres, y  jornaleros sin bienes. Se establecía la asignación a pagar de los bagajes y bagajeros. Los 36 de Artazkoz se distribuyeron así: primera, 4; segunda, 6; tercera, 4; cuarta, 16; quinta, 6.

Estas dos guerras dejaron en la ruina al pueblo lo que le obligó en los años siguientes a endeudarse y vender patrimonio comunal para hacer frente a los suministros de las contiendas. Sin recuperarse de este desastre llegó el conflicto realista (1821-1823), del que tenemos poca información de estos pueblos, apenas alguna mención suelta como la muerte del realista Antonio Azpiroz, vecino de Asiain, en el frente de Aragón.

Tras unos pocos años de tensa calma, llegó en 1835 la terrible primera Guerra Carlista, donde los dos bandos saqueaban continuamente los pocos recursos de los lugareños. Hubo que empezar a pedir censo tras censo sin que se acabara de luir el anterior. Ya en el verano del 35 la cendea acordó “ante el apuro para atender pago obligaciones presente  guerra hay que buscar 2000 pesos al 5%”. Al año siguiente, 1836, era el concejo del pueblo el que decalaraba: “la  guerra ha agotado los fondos. Para hacer frente a los suministros de raciones a las tropas del rey nuestro señor se procede al arriendo de las yerbas y aguas por 8 años”. A esto se añadían otros daños: “que el encinar y robledal se ha reducido en los ultimos tres años por corte extraordinario de arboles, que se han beneficiado los pueblos limitrofes y los propios. Por las circunstancias de la  guerra hay que poner remedio pronto o se verá arruinado. Prohiben que se hagan cortes de leña”. Sobre el bando por el que se inclinaron nuestros antepasados nos ilustra el siguiente acuerdo de varias cendeas y valles de la Cuenca: “convoca la excelentísima junta gubernativa a los representantes del pais que se halla libre del yugo usurpador para tratar de suministros al ejercito”. Los de Artazkoz nombraron a Jose Mª Arce para dicha reunión.

En 1837 nuevo censo de 320 pesos fuertes para para atender al suministro de raciones y gastos de la  guerra. Como había ocurrido en la francesada, el concejo establecía el pago por el servicio de bagajes en 50 reales fuertes por año, modificado más tarde a 3 reales por día y caballería. En 1848 el pueblo puso a la venta una gran cantidad de comunales “para hacer frente a las extraordinarias perdidas y suministros de la última  guerra civil se vieron precisados a gravar al pueblo con las deudas. El arriendo de la taberna y el rio son insignificantes (…) imposible cubrir deudas en razón de que los que los vecinos han quedado reducidos a la mayor miseria”. Fueron cuatro lotes: 52 robadas en Sotoandia y Sototxikia a 30 pesos fuertes (PF) robada; otras 32 robadas en los mismos parajes a 38 PF robada; más de 100 robadas roturadas a 6 PF robada; arriendo de hierbas y aguas para 8 años por 800 PF.

En 1849 la Diputación hizo una asignación de cuotas para pagar deudas de la última guerra lo que suscitó serios enfrentamientos entre algunos vecinos y el concejo, forzando la anulación de dicho reparto y la realización de una nueva liquidación. Por fin, en 1859 se produjo el desastre definitivo: la venta las yerbas, aguas y 2.101 robadas de comunales, adquiridas por Fermin Arraiza, vecino de Etxauri (Mendigaña) que pagó 6500 pesos. Los detalles de esta polémica venta se pueden ver en el apartado de comunales de la web.

Por un tardío proceso de 1867 nos enteramos de que había habido varias ventas que los regidores del momento no aclararon. Se menciona la venta de la llamada casa de los pobres sita en la calle San Nicolás de la capital por 1000 pesos, así como la venta de 2.000 árboles a 4 y 5 pta. cada uno y otras piezas. Se reclamaban las cuentas de esos años.

Todavía, antes de acabar el siglo, el pueblo se vería afectado por la tercera guerra carlista (1872-1876), de la que aparecen noticias de prensa sobre acciones. En concreto el 28 de enero de 1875 varios periódicos franceses informaban de la toma de Le village d'Artazcoz. Todavía llegarían más guerras. La siguiente fue la de Cuba de 1898 en la que participó Gregorio Gorriz, cuya vuelta publicaba la prensa del 29 de diciembre de dicho año. Luego vendrían las terribles campañas de África, ya en el siglo XX, y la última guerra del 36 en la que tomaron parte tres mozos.

Mili: sustituciones y militares de carrera

Un tema muy relacionado con la mili y las guerras ha sido el de las sustituciones y redenciones en metálico, artimaña legal que permitía a las familias más pudientes escaquearse del “sacrosanto deber con la Patria”. La implantación de la obligatoriedad de hacer el servicio militar, el conocido servicio de quintas, fue mal recibida por la población, sobre todo en el viejo Reino, donde tardó mucho en aplicarse de una manera generalizada. Ante la imposibilidad de anular la ley, se buscaron vías para mitigar sus efectos. El problema era que si te tocaba el sorteo, solo podías escaquearte poniendo un sustituto o abonando una cantidad de dinero a Hacienda. Como en ambos casos se necesitaba disponer de un considerable capital para la época, fácil es deducir quién podía permitirse tal lujo.

Para finales del siglo XVIII ya habían empezado a funcionar las sustituciones. Así vemos que en 1792 Juan Agustin Osinaga, vecino del pueblo, “se obligaba a permanecer en la frontera en lugar de Francisco Antonio Escolar por el tiempo que estubiera obligado, según orden de los 3 estados”. Escolar bebería pagarle siete reales por día. En 1794 tenemos el caso del vecino Angel Paternain que estaba de soldado para la cendea de Ansoain, a la que reclamaba 112 pesos.

Ya en el siglo XIX se fue generalizando la medida. Incluso se formaron sociedades de redención de quintas de la cendea entre los principales contribuyentes cuyos hijos estaban en edad de ser sorteados. En el caso de que a alguno de ellos le llamaran a filas, la sociedad compraba un sustituto. De estos pueblos tenemos varias familias cuyos hijos sustituyeron a otros mozos, previo pago de una cantidad que solía oscilar alrededor de las 1.500 pta., cantidad considerable, pero que compensaba ante el terrible destino de aquellos servicios militares interminables y con altísima probabilidad de ser destinado al frente.

En este asunto del servicio militar hay un aspecto muy poco conocido en nuestros pueblos, directamente relacionado con las dificultades que tenía la administración para implantar la mili obligatoria. Se trata del reclutamiento forzoso de la gente ociosa y mal entretenida que se dio a principios del siglo XIX. Concretamente en la cendea, en 1803 llegó una orden del comisionado real que obligaba al ayuntamiento a elaborar una lista de este tipo de mozos, pueblo a pueblo. Se incluyeron 16 jóvenes en esa lista, de estos solo uno era de Artazkoz, Antonio Elizondo (Juandiezena).

Finalmente, citaremos el caso de los soldados de carrera, que también los hubo en el pueblo, concretamente en la familia del palacio. Para saber más sobre este tema remitimos a la historia de los palacianos Elso Arbizu en el apartado de casas.

  • 1706. Lista de hombres entre 14 y 60 años y de las armas disponibles.

  • 1777. Alistamiento de la Cendea.